La agricultura sostenible: el motor de desarrollo campo-ciudad

La agricultura sostenible: el motor de desarrollo campo-ciudad

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En esta entrada de blog, te compartiré tres formas en las que invertir en agricultura contribuye a la sostenibilidad de una ciudad. Y es que la concentración de la población en áreas urbanas, es un fenómeno que continúa en aumento en la región y del que Colombia no ha sido ajena; ya que en las últimas décadas, factores como el conflicto armado y el rezago del sector rural frente al urbano llevó a que los habitantes de estas zonas dejaran atrás la indispensable actividad agrícola y se decidieran a aventurar en las urbes.  Ahora, en un momento de posconflicto y de una alta demanda global de alimentos, es hora de pagar nuestra deuda con el sector rural y echarle de nuevo una mirada a las oportunidades que este nos ofrece, que además son oportunidades que redundan en la mejora de las ciudades. Pero, ¿cómo un campo saludable sostiene a una ciudad? Veamos:

 

Seguridad alimentaria: en el caso colombiano, contamos con aproximadamente 21 millones de hectáreas de tierra cultivable. En la actualidad, se cultivan tan solo siete millones de ellas. Un desarrollo agrícola que tome en cuenta la vocación agrícola de las regiones, respetando y sembrando con métodos tradicionales y naturales, apoyado en las ventajas de los sistemas agroforestales, diseño de permacultura, entre otros; pero eso sí, conservando las tradiciones y ese “instinto” que los campesinos que nos han alimentado por décadas poseen, podría aumentar la producción sostenible de alimentos, garantizando un autoabastecimiento en los hogares de estos héroes de ruana, pero también manteniendo una oferta estable en las ciudades, que ayudaría a evitar la subida en precios de los alimentos, uno de los rubros en los que más gastan los hogares colombianos.

 

Productividad e integración generacional: si los jóvenes -que en su momento dejaron el campo, que no quisieron hacerse cargo de la parcela o finca familiar porque no veían un futuro promisorio en la actividad- retornaran, significaría una gana-gana tanto para el campo como para la ciudad. Para el campo, porque estos jóvenes volverían a aportar como mano de obra joven (el promedio de la edad de nuestros campesinos es de 45 años) y calificada, contribuyendo a la tecnificación y mejora en los procesos rurales. Esto genera algo que prefiero llamarle integración generacional en lugar de relevo generacional, porque es mejor hablar de integración, de mantener a los campesinos mayores quienes aún tienen mucho que seguir ofreciendo al campo como para “relevarlos”.  Y para la ciudad, porque no solo aliviaría la superpoblación de las mismas sino que podría adquirir productos agrícolas locales y emplearlos en sus industrias, reduciendo costos en importación o cambio constante de proveedores.

 

Variedad de productos locales con valor agregado: los productores ya podrán satisfacer las necesidades de un mercado más exigente y que demanda productos con valor agregado. Es así como a la oferta tradicional de alimentos, puede incluirse productos con una serie de transformaciones ajustadas al estilo de vida citadino y facilitando su consumo y tiempos de preparación. Ejemplos de ello son la fruta deshidratada, fruta en pulpa, nibs de cacao, cereales tipo granola o barras, conservas, jugos orgánicos. Las ciudades podrán disfrutar de estas preparaciones y también podrían inyectar capital en una industria con un alto potencial de crecimiento y con un atractivo para la exportación. Frutas como el aguacate o la uchuva tienen alta demanda en el mercado extranjero y en nuestro país son producidas con excelente calidad, si los productos locales siguen siendo variados y además con valor agregado, ¡podríamos explorar y conquistar nuevos mercados!

 

Por esto considero que la mejor inversión que podemos hacer desde las ciudades es mirar hacia el campo, comprar local, pagar precios justos por estos productos agrícolas y valorar el trabajo que realizan nuestros campesinos día a día. Esto es un incentivo y motivación para que las futuras generaciones permanezcan o retornen al campo. Hay un potencial agrícola que no debemos desaprovechar porque estamos garantizándole a las ciudades (que concentran más del 60% del total de la población nacional) un mayor acceso a alimentos además de ricos, variados y  saludables. Pero también podríamos garantizar la alimentación de otros países, no por nada Colombia está siendo considerada como una despensa para el mundo.

 

Andrea Garay

Investigadora

MSc en Economía, desarrollo y cambio climático

andreagarayt@gmail.com

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