¿Por qué la educación ambiental no ha sido exitosa? (parte 3)

Educación para la sostenibilidad

Luego de explorar ocho razones que explican el por qué la educación ambiental no ha sido exitosa, doy por terminado la argumentación con las últimas cuatro razones. Quien quiera volver a repasar la primer y la segunda parte de este artículo, podrá hacerlo por medio de los siguientes enlaces:

 

Cuatro razones adicionales

  1. Buscamos soluciones pero no hipersoluciones:

A la educación ambiental tradicional le cuesta incluir la complejidad a su caja de herramientas. Al hacerlo, se demuestra su buena intención de encontrar soluciones a los problemas ambientales. Primer ejemplo: cuando se le pide al niño que genere la cultura del reciclaje en el hogar se está abordando el reto del manejo de los residuos. No obstante, falla en encontrar hipersoluciones si se tiene en cuenta que el reto no está en manejar los residuos, sino en prevenirlos. En resumen, hay una gran necesidad de enriquecer las herramientas pedagógicas enfocadas a prevenir y no a curar. La solución: enseñar a prevenir y no a remediar impactos ambientales.

Segundo ejemplo: una solución puede ser el generar la cultura de creación de productos sostenibles. Pero cuando se olvida la complejidad como elemento pedagógico, se abstrae de la solución el hecho de que el consumidor no consume productos aislados sino sistemas de productos que están interactuando. Para hacerlo más claro, los impactos ambientales que generan los productos se potencian cuando el consumidor motiva la interacción entre todos los productos en el momento en que se consumen. La gran hipótesis puede ser, la intención de generar impactos ambientales positivos por parte de un producto, puede verse diluida y opacada por los impactos negativos que genere el producto con el cual interactúa el que es sostenible. En resumen, nos enseñan a crear zapatos sostenibles, pero no nos enseñan a co-crear sistemas de consumo junto con el empresario de la media y el del asfalto.   La solución: Diseñar estrategias de co-creación de productos por medio del entendimiento de los sistemas de consumo.

10. Lo que mueve a las personas “El bolsillo, la salud, el sexo, el humor, el morbo, los deportes y la moda”

Entender los retos ambientales y las oportunidades para mantenerlo en buenas condiciones implica dejar de enseñar teorías y pasar a inspirar actitudes. La pregunta entonces es: ¿Qué le gusta y llama la atención de las personas para que logremos inspirar a la acción?

Transmitir el mensaje de no talar el árbol es válido y casi todos estamos de acuerdo con ello. Pero no es totalmente inspiracional porque el mensaje no genera un chispazo emocional que nos haga querer cuidar el árbol.

La solución: Cuando se logra hacer un puente entre los retos ambientales y elementos que nos atañen las emociones y la curiosidad, la probabilidad de lograr proactividad para querer cuidar el medio ambiente, aumenta. Estos elementos pueden ser: el bolsillo (el dinero), la salud, el sexo, el humor, los deportes, el verse bien (la moda) y las cosas que generan sentido de morbo.

 

11. Los grupos objetivo están mal segmentados o ni siquiera existen

 El momento para definir qué mensajes se construyen para quién llegó. El argumento pasado habla sobre los factores motivacionales que inspiran a las personas. Es necesario analizar cada uno de ellos y resolver la pregunta global “¿Qué motiva a un niño, a un anciano, a una mujer de negocios, a una artista?” (y así con todos… Definir esto nos permitirá crear mejores y más efectivos mensajes que transformen percepciones y hábitos de consumo y de producción.

 

12. Dogmatizamos las soluciones: ¿Reciclar es la mejor opción?

 Cuando hice esta afirmación en un foro ambiental en el año 2013, mi nivel de popularidd del momento era comparable a la de Nicolás Maduro. Pero, ¿será que reciclar es siempre la mejor alternativa?

Algo en lo que ha fallado la educación ambiental es en apostarle a verdades absolutas motivadas por la intuición y no por la evidencia. Me explico, reciclar es bueno si el contexto y las condiciones están dadas para hacerlo. Un ejemplo es una ciudad en donde hay mucho acceso y disponibilidad del recurso hídrico (insumo necesario para reciclar papel por ejemplo). En ese caso, utilizar el agua puede ser viable. Pero, ¿y si no hay agua?, el impacto ambiental puede ser mucho mayor y por lo tanto la mejor alternativa podría ser, no reciclar y más bien disponer los sub-productos generados de otra manera (ejemplo: enterrarlos si estos no generan reacciones químicas que contaminen los suelos).

En resumen y como solución: Es necesario generar más evidencia sobre las diferentes alternativas de disposición de los residuos para ir terminando con hipótesis salidas de contexto. La educación ambiental no puede seguirle el juego a esta manera de promover soluciones ambientales a partir de la contribución del ciudadano.

La mejor manera de enseñar puede ser diciendo la palabra mágica de la sostenibilidad: ¡DEPENDE! Los dogmas ambientales no existen porque cualquier hábito e impacto están enmarcados en un contexto. Entonces, cuando nos pregunten la próxima vez si es mejor reciclar, hacer, no hacer, dejar quieto, pregúntese por las variables dependientes: factores climáticos, infraestructuras, acceso a insumos, riesgos en salud, factores culturales, disponibilidad financiera, y otras más.

Bueno, el siguiente paso es hacer de este blog de tres partes un texto más amplio. Su colaboración es importante y si quiere hacer parte, por favor escríbame:

Julio Andrés Rozo

andres.rozo@academiasostenibilidad.com

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Autor:  Julio Andrés Rozo

13 años de experiencia en el sector de los negocios verdes y la sostenibilidad. Fundador de AISO Academia de Innovación para la Sostenibilidad. Columnista de Revista Dinero en el tema de economía verde.